Una malteada de cinco dólares

Leonardo Barrantes

Danilo Zegarra

Luis Eduardo Espinoza

 

Actualmente la imparable y constante industria del cine, siempre hambrienta por la novedad, ha sido responsable del olvido de ciertas cintas de gran calidad del imaginario del público. Las películas envejecen y, por consiguiente, mueren. Hay, sin embargo, excepciones: quizá la más sobresaliente de todas ellas es Pulp Fiction. Dirigida por Quentin Tarantino, y protagonizada por John Travolta, Samuel L. Jackson y Uma Thurman entre otros, ha marcado un antes y un después en la manera de crear películas. Es, sin lugar a dudas, un reto cumplido, cuya recompensa es su trascendencia. Un argumento válido de la película podría ser el día más raro de una pareja de bandidos, la esposa de un mafioso, dos gangsters y un boxeador.

Y es que es una película que hace de la anécdota aparentemente sencilla una antología de historias en los que lo que nos puede resultar ordinario se convierte en deslumbrante. Cada personaje tiene su lugar en la cinta, su esencia y sus diálogos que no son nada más que excelentes. La fotografía realmente te atrapa y te transporta a un mundo de conflictos y  confrontaciones entre personajes que pondrán a prueba sus límites, aquello de lo que son capaces de hacer por conseguir lo que desean. Y es que esta obra puso en lo más alto a Quentin Tarantino por algo. A pesar de no ser una producción elaborada de manera ambiciosa como las de hoy en día, se disfruta cada una de estas historias que son, sin duda, como ninguna otra y que merecen ser contadas.

Las tres historias se bifurcan, decantándose en una sola. Esto es algo muy usual en nuestro tiempo globalizado, todo está conectado. Una pequeña acción puede desencadenar un sin fin de acontecimientos. Bajo esta misma lógica, Tarantino nos ha dejado una obra maestra. Vemos cómo la violencia corrompe cada vez al humano y cómo esta se institucionaliza.

Hoy en día, ya se ha perdido la vergüenza de robar y matar; esto es algo penoso.  Está en nuestras manos criticar este tipo de conductas perjudiciales, al igual como hizo Tarantino en su área. No depende de las autoridades, las acciones pueden ser tomadas por el individuo y así al menos estaremos aportando con un grano de arena. A veces la forma más loca y creativa termina enseñando más que un ensayo formal y esto esta película de Quentin Tarantino es una muestra fehaciente de ello.

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