Mi experiencia en Callahuanca (I)

Jorge David Orrego Noriega

 

Desde ya hace muchos años, el Colegio de la Inmaculada le otorga a sus alumnos de 4to de secundaria la oportunidad de participar en una experiencia que los impulsa a alejarse de su zona de confort, con el objetivo de conocer una realidad muy distinta a la suya, y a la vez para que intenten cambiar, aunque sea en el aspecto más mínimo, la realidad de los que más lo necesitan. Cabe resaltar que es una de las actividades promovidas por el colegio que más exigen al alumno, pues se requiere mucha voluntad y bastante compromiso para lograr sus objetivos planteados.

Desde mi punto de vista, siempre he pensado que yo no estaba hecho para ayudar a las demás personas, y peor aún, creía que no cumplía con las características necesarias para ponerme al servicio de los demás. Siempre veía a la experiencia de “Fuera de la Jaula” como algo en lo que nunca iba a ser útil, y que si iba sólo estaría estorbando en vez de ayudar a la causa principal. Además, mis impedimentos físicos y de salud me hacían creer que probablemente hubiera pasado toda las jornadas de esta experiencia enfermo o con una complicación causada por las condiciones “extremas” a las que nos encontraríamos. En síntesis, le tenía miedo a la experiencia.

Dentro de mí siempre creí que este temor era racional, que se basaba solo en hechos respaldados por psicólogos y médicos especialistas, pero con el pasar del tiempo me di cuenta que no era así. Aprendí el verdadero propósito de “Fuera de la Jaula” cuando estuve directamente involucrado, no en clase, ni con la charlas de Gallegos, y mucho menos con la Confirmación, sino solo cuando me encontré en una situación en la que tenía que dar todo de mi ser para poder cambiar la realidad de algunas personas que lo habían perdido todo.

Así fue como me puse a trabajar lo más que pude, a ayudar aunque ya estaba muy cansado, y a compartir con esas personas que habían puesto su confianza en mí y en mis compañeros. Después de todas las jornadas de la experiencia, puedo decir que nunca he trabajado tanto en mi vida como lo he hecho en Callahuanca. Casi en ningún momento estaba desocupado y siempre había algo nuevo por hacer o alguien a quien ayudar.

Sinceramente, nunca pensé que podría tener la oportunidad de intentar cambiar la realidad de algunas personas. Aunque tal vez mi accionar no pudo colaborar con todas las víctimas de los huaicos, por lo menos pude acercarme más a la realidad de mi país y a la vez darle esperanza a nuestros hermanos que más lo necesitan. Y como en toda actividad sea o no del colegio, lo hice a mayor gloria de Dios.

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